¿Cómo fortalece tu empresa familiar y evoluciona a convertirse en una empresa corporativa?
Desde que un emprendedor tiene una idea de negocio hasta que se constituye un grupo empresarial, la aventura del emprendimiento vive una evolución adaptándolos a cada momento a través de herramientas tecnológicas, acuerdos, protocolos, decisiones.
El emprendedor o fundador de un negocio, en sus inicios, lo hace todo él, siendo un hombre orquesta que tanto analiza el mercado como planifica las finanzas. Y es que, en esa urgencia, que supone el emprendimiento, lo que existe, sobre todo, es una indefinición de procesos.
Con el paso del tiempo, y si la organización funciona adecuadamente, el fundador, aunque sigue tomando las decisiones, se ve obligado a buscar ayuda para sostener las operaciones y seguir creciendo. El talento al que recurre suele ser en el que más confianza tiene y, así, acudirá a lazos familiares para buscar apoyo, en el área de administración y venta de los productos o servicios.
Tras esto, si el negocio evoluciona favorablemente, se inicia la búsqueda de profesionales externos, aunque aún los miembros familiares siguen participando en él. Y si se tiene éxito, todo esto puede terminar en una consolidación organizacional, en una optimización de recursos, en una modificación de la estructura, que conlleva a pasar de una empresa familiar a una empresa corporativa, creando un gobierno con bases sólidas para la supervisión de la ejecución de la estrategia y la fabricación de decisiones de esa índole.
En muchas ocasiones, el emprendedor institucionaliza su proyecto y crea un grupo empresarial en sentido pleno, en el que la organización tiene una dirección general definida, orientada y concreta, donde se aprovechan sinergias, pero ya en esta etapa se es indispensable crecer en base a estrategias y no solo basado en oportunidades sin análisis adecuado de los protagonistas de la gobernabilidad.
Como comentábamos al inicio, este camino no se recorre sin coherencia, sino que ha de basarse en un encadenamiento de decisiones y de procesos, adaptando el know how a cada escenario. Y es que se trata de un proceso sensible que ha de responder a las necesidades específicas de cada organización, porque cada empresa familiar responde a una idiosincrasia concreta y es imprescindible saber dar una acertada respuesta a esta. La gobernabilidad debe ser una herramienta de agregar agilidad a la toma de decisiones estratégicas, permitiendo a su vez ir midiendo los riesgos y gestionándolos conscientemente, a través de la responsabilidad estratégica adecuada.